DELIBES, LOS SANTOS INOCENTES

1. Diferencias sociales en LSI

Delibes es un escritor preocupado por las injusticias sociales, tanto es así que tuvo que renunciar a su puesto de director del periódico en el que trabajaba por defender los derechos de los sectores más pobres. Esta preocupación se refleja en Los santos inocentes, en la que el perfil humano de los personajes, y especialmente del Azarías, es el eje sobre el que gira el relato. El marco en el que se sitúan los hechos es el cortijo, que pone de relieve la situación injusta en la que los inocentes se llevan la peor parte. Delibes enfrenta dos concepciones del mundo: la de los señoritos, basada en el desprecio por la naturaleza y por los hombres, y la de los humildes, fundada en la integración en el medio en que viven en la nobleza de sus actitudes.
El narrador renuncia a la objetividad para colocarse en una posición cercana a los personajes inocentes, a los que dedica el título de la novela. Su compasión por los desheredados hace que el libro adopte un inequívoco sesgo lírico. Todos los elementos se subordinan al ritmo de la compasión, de forma gradual, pero intensa, lo que justifica que la novela tenga la forma de un largo poema en versículos. Suprimió los puntos porque al adoptar la forma de poema, “el punto que en medio de la narración da cadencia y ritmo me parecía que esta vez iba a romper el ritmo que yo perseguía”.
A Delibes se le ha achacado cierto maniqueísmo en la pintura de los personajes, pues los rasgos que denotan bondad se atribuyen a los personajes humildes, mientras que los que denotan maldad se atribuyen a los amos. Pero el autor trató de paliar la oposición frontal entre buenos y malos con la inclusión de otros personajes más complejos como:
- Don Pedro, el Périto, concentra la doble condición de opresor y víctima. Oprime a Nieves pero es víctima de su esposa y del señorito Iván.
- La señorita Miriam posee conciencia social. Pregunta si no se puede preparar a Nieves para hacer la comunión, justifica ante su madre la presencia de Azarías en el cortijo y se horroriza del aspecto y la vida de la Niña Chica.
- René, el Francés, también posee su conciencia social. No vuelve al cortijo después de la trifulca que se armó por su opinión sobre la cultura de los humildes.
- Quirce es el único que manifiesta una voluntad de ruptura con la situación de sumisión y no se doblega ante el señorito Iván.
- Algunos personajes de tercer plano como el Hachemita, el Mago del Almendral, el médico o los educadores contribuyen también a atenuar el maniqueísmo.



2. Los personajes en LSI

Se trata de una novela de personaje, pues, tras la atención dedicada al personaje central, el autor no desatiende en ningún momento el diseño de los demás personajes, sean del nivel secundario o terciario. Nos encontramos en esta novela con la situación de una familia formada por el matrimonio, Paco y Régula, los hijos Quirce, Rogelio, Nieves y la niña chica, hija pequeña con subnormalidad profunda y el tío deficiente Azarías. Todos ellos trabajan para el señorito Iván, al igual que el capataz D. Pedro y su mujer Pura. Los retratos de los personajes están perfectamente caracterizados. Pueden distinguirse:
-personajes de primer plano: Azarías, Paco el Bajo y el señorito Iván,
-personajes de segundo plano: la familia de Paco, la del señorito Iván y los encargados del cortijo,
-personajes de tercer plano: el resto de los sirvientes, el señorito de La Jara, los invitados de los dueños, Manolo el médico…
Azarías, hermano de Régula, a sus 61 años ha sido echado del cortijo de La Jara por su inutilidad y falta de higiene. Su hermana le acoge y le cuida. Destaca por su extraña relación con la milana y por su trato cariñoso con la niña subnormal, únicos seres con los que se relaciona de manera cariñosa, tal vez sintiendo el desprecio de las personas que le rodean. Sólo el animal le aporta una comprensión, aunque sea de tipo primario, que no le dan las personas.
Azarías es el único que se atreve a desafiar al señorito Iván hasta el punto de acabar con él por su falta de sentimientos.
La prosopografía o descripción física del personaje gira en torno a su apariencia por condición económica y social, a su aspecto y aseo. Lleva la ropa rota y remendada, anda descalzo y sucio, orina en sus manos, tiene piojos y hace sus necesidades en cualquier lado.
La etopeya o descripción psíquica tiene en cuenta la conducta instintiva y mecánica del personaje, que siempre hace lo mismo, repitiendo con regularidad matemática sus labores en el cortijo. Simple y primario se mantiene al margen de todo lo que suponga aprendizaje a través de una preparación consciente y disciplinada. Su perturbación le hace sufrir alucinaciones que le llevan a ver a su hermano muerto.
Acumula todos los rasgos que caracterizan a los marginados. Se constituye en verdadero protagonista.
Paco el Bajo, el padre, está totalmente sometido al señorito Iván. Acepta sin pestañear todas las humillaciones y ante él parece que deja de ser persona y se convierte en un perro faldero. Y así es, puesto que termina haciendo el trabajo del perro de caza lo cual le lleva a quedarse cojo por un accidente y por la falta de humanidad del dueño del cortijo. Paco no tiene personalidad ante él. Antepone incluso el bienestar de su familia, acepta su aislamiento durante cinco años en La Raya y priva a Nieves de la posibilidad de estudiar por complacerle. Pretende que también se someta su hijo Quirce pero él no lo hace y muestra una rebeldía incontrolable.
Sin embargo, hay que destacar que pese a todos estos rasgos, Paco es un hombre inteligente. Es un superviviente nato que se adapta a las circunstancias por muy negativas que sean. Percibe la conveniencia de estudiar, y lo hace de forma autodidacta y rudimentaria, pero no llega a rebelarse contra el señorito.
¿Y qué decir del señorito Iván? Se presenta como una persona dictadora pues es capaz de anteponer su afición por la caza a la salud de Paco, quien, por ello, queda cojo. No le importa la vida de sus empleados y dispone de ellos a su antojo. Una persona manipuladora que fomenta la vanidad de su sirviente para abusar de él convirtiéndolo en un perro de caza. Ni siquiera puede ser noble con el capataz, pues llega a acostarse con su mujer e incluso se fuga con ella.
Es el antagonista, el personaje en el que confluyen los rasgos negativos: desprecio por la naturaleza, por los demás, etc.
La Régula representa el amor a los demás y su disposición a servir.
La Niña Chica es un personaje extraordinario. Sumida en una subnormalidad profunda, es la imagen de la degradación humana. Sin embargo, va a ser objeto de afecto por parte de Azarías, que le regalará con la expresión más dulce destinada a las milanas. Lo que más sobrecoge de ella es su berrido lastimero.
Don Pedro el Périto es un hombre esclavo de los celos y de la impotencia. Representa la bisagra de quien se siente oprimido por el señor y, al mismo tiempo, se ve obligado a oprimir a los que están un escalón más abajo. Es una figura muy reconocida literaria, psicológica y sociológicamente, desde las peonadas egipcias de la historia antigua a las situaciones actuales en ciertas empresas, pasando por los guetos y los campos de concentración.
Doña Pura es ejemplo de frivolidad absoluta, representa la vaciedad y superficialidad de quien encuentra en la captura del buen partido la única salida a sus propia realización personal.
La señorita Miriam es la figura que encarna la conciencia social de los acomodados.
La Marquesa representa el lado femenino de Iván con una actitud refrenada por su condición femenina pero con un paternalismo semejante.
El Quirce simboliza la insumisión de los humildes.
El Rogelio se ocupa del tractor y de su tío. En él hallamos signos de contacto con el progreso y sentimientos de afecto por los necesitados.



Las voces de los personajes
Azarías manifiesta su falta de raciocinio con frases breves, sencillez e imitación de los sonidos de los animales.
La Niña Chica expresa con su gemido su condición de subnormal profunda.
Paco, el Bajo, se caracteriza por su saber popular.
La Régula comienza todas sus respuestas con un “ae” síncopa de “a ver”, muletilla que indica resignación y aceptación de la realidad.
El Quirce tiene un carácter hosco que le hace ser escueto y sentencioso.
La Nieves posee el don de la discreción como se percibe en sus escasas frases escuetas, necesarias.
El señorito Iván muestra su desprecio con el apelativo “maricón”. Su inmovilismo es expresado con simpleza con frases acuñadas.
Don Pedro, el Périto, es un personaje lleno de gestos y agresividad verbal contra su esposa.

A Delibes se le ha achacado cierto maniqueísmo en la pintura de los personajes, pues los rasgos que denotan bondad se atribuyen a los personajes humildes, mientras que los que denotan maldad se atribuyen a los amos. Pero el autor trató de paliar la oposición frontal entre buenos y malos con la inclusión de otros personajes más complejos como:
- Don Pedro, el Périto, concentra la doble condición de opresor y víctima. Oprime a Nieves pero es víctima de su esposa y del señorito Iván.
- La señorita Miriam posee conciencia social. Pregunta si no se puede preparar a Nieves para hacer la comunión, justifica ante su madre la presencia de Azarías en el cortijo y se horroriza del aspecto y la vida de la Niña Chica.
- René, el Francés, también posee su conciencia social. No vuelve al cortijo después de la trifulca que se armó por su opinión sobre la cultura de los humildes.
- Quirce es el único que manifiesta una voluntad de ruptura con la situación de sumisión y no se doblega ante el señorito Iván.
- Algunos personajes de tercer plano como el Hachemita, el Mago del Almendral, el médico o los educadores contribuyen también a atenuar el maniqueísmo.



3. La naturaleza abierta en LSI

Delibes enfrenta dos concepciones del mundo: la de los señoritos, basada en el desprecio por la naturaleza y por los hombres, y la de los humildes, fundada en la integración en el medio en que viven en la nobleza de sus actitudes. Iván, apasionado cazador, desprecia tanto a los animales como a las personas y tan solo usa la naturaleza para su satisfacción personal. Sin embargo, Azarías, el polo opuesto se funde con la naturaleza en la que se siente libre.
En varias escenas se relatan las actividades mágicas y rituales protagonizadas por Azarías, el hermano retrasado de Régula, cuando sale a correr el cárabo. Azarías va pasando por varios estados. Comienza la carrera infernal con miedo. En una segunda fase, el esfuerzo acaba por esconder el miedo, por superarlo. El deseo se apodera de él y deja de lado cualquier temor. En una tercera fase, el placer invade a Azarías cuando consigue contactar con el cárabo, y lo muestra con sus gritos de alegría. Ha conseguido fundirse con la naturaleza.
Todo ello está aderezado con la riqueza léxica habitual de Delibes. Son numerosas las voces de los campos léxicos de la flora, la fauna, los accidentes del terreno y el léxico cinegético muy especializado que muestran que la lengua rural es en muchos aspectos más rica y variada que la lengua urbana. Esto se convierte en un muro lingüístico difícil de traspasar. Es en esta complejidad lingüística y en esa riqueza léxica, que abarca animales, vegetales y múltiples enseres, en donde Delibes se ha encontrado más a gusto, sintiéndose muy orgulloso de su caudal lingüístico.
Azarías siente el desdén, el desprecio y la falta de afecto de las personas de su entorno y se refugia en los animales. El único ser humano con el que tiene una auténtica relación de cariño es la niña chica. Aparte de ella mantiene una gran relación con la milana a la que ofrece todo su cariño y con la que expresa sus emociones sin contenerse.
En esta obra, la naturaleza simboliza la libertad frente a la sumisión, la esclavitud en la que viven en el cortijo.




4. Contenido y estructura

Desde el punto de vista argumental Los santos inocentes es una novela tradicional; posee una forma de composición episódico-dramática, en la que descuella el desenlace final. El crimen puede enfocarse, desde el punto de vista estructural, de dos maneras:
- como acontecimiento decisivo que justifica y motiva el relato de todos los hechos que le preceden y que son una concatenación de causas.
-
Como un episodio más en el conjunto vario de acciones que jalonan la novela, un acontecimiento más notable pero de importancia semejante a la de otros que componen la intriga.

PRIMERA PARTE: En la primera parte se centra en la presentación de los personajes humillados desde una doble perspectiva:

- social: resalta la miseria en que viven los oprimidos en el latifundio, marcados por una especie de determinismo biológico e histórico (pobreza) que los induce a la sumisión.

- Existencial: resalta la bondad que preside el comportamiento de los oprimidos.


Libro 1º

Diseño del personaje Azarías. Aspecto y personalidad.
Idealización animal de la primera milana.
Relación humano-animal.

Libro 2º

La vida de Paco el Bajo y de los personajes humildes.
Las relaciones de vasallaje.
El concepto de educación de los señores.

Libro 3º

La integración de los inocentes.
Relaciones afectivas entre los humildes.
El cariño de la milana y el traspaso de afectos.

SEGUNDA PARTE: En esta segunda parte se introduce un personaje antagónico, el señorito Iván.

Libro 4º

El señorito Iván y su fuerza antagónica
La pasión por la caza de Iván y el amor por la milana de Azarías.
Intensificación de la tensión entre los dos niveles sociales.
Descubrimiento descarnado de la miseria.

TERCERA PARTE: Se reiteran episodios, temas y rasgos de caracterización de los personajes ya presentes en los libros anteriores. Finalmente se presentan los hechos que llevan al desenlace trágico.

Libro 5º

Accidentes preparatorios del desenlace final.
Fractura de la pierna de Paco el Bajo.
Frustración por la sustitución de Paco por el Quirce.
Recaída de Paco por su aceptación a marchar junto al señorito.

Libro 6º

Intensificación de las pasiones en el enfrentamiento de Azarías y el señorito Iván.
El cinismo del señorito Iván.
La muerte absurda e inútil de la milana.
El crimen de Azarías.


En cuanto a la estructura interna, el discurso está organizado a través de unos elementos que Delibes pretende poner de relieve. El perfil humano de los personajes, y especialmente del Azarías, es el eje sobre el que gira el relato. El marco en el que se sitúan los hechos es el cortijo, que pone de relieve la situación injusta en la que los inocentes se llevan la peor parte. Delibes enfrenta dos concepciones del mundo: la de los señoritos, basada en el desprecio por la naturaleza y por los hombres, y la de los humildes, fundada en la integración en el medio en que viven en la nobleza de sus actitudes.


El narrador
Existe un narrador que está fuera de la acción pero demuestra una gran cercanía al mundo que narra y un conocimiento detallado del marco en el que sitúa los hechos. Se presenta como un observador directo que posee una completa documentación. No es sólo un narrador omnisciente sino un narrador testigo cuyos rasgos son:
-utilización de la tercera persona narrativa
-minuciosidad y detallismo
-constante presencia de elementos valorativos
El narrador no se limita a contar objetivamente los hechos, sino que se sitúa en una posición de simpatía.
La presencia del narrador acorde es perceptible en:

-el título,
-en que la novela se refiere también a los niños,
-en que su simpatía hacia los desheredados exige la adopción del mismo registro con el que ellos se comunican. Por ello, el lenguaje adquiere el tono de oralidad constante.
-En su lirismo, plasmación del mundo de los sentimientos.


5. Temas principales y secundarios
El tema principal es la injusticia social, la sumisión y el esclavismo, el desprecio por los semejantes, el abuso de los amos (añadir el punto 1. Diferencias sociales)
La naturaleza frente al progreso es otro de los temas de la obra. Ya hemos señalado la importancia de la naturaleza (añadir el punto 3. La naturaleza abierta) en la que transcurre la vida de la familia de Paco, lejos de los avances de las ciudades. Pero hay que mencionar aquí, cómo dentro de la familia pobre, sin acceso a la educación, Rogelio simboliza el progreso por su trabajo con el tractor.

La educación en las zonas rurales

A lo largo de su dilatada carrera literaria, Miguel Delibes ha reflejado la vida de la gente de los pueblos haciendo hincapié en la necesidad de la educación. Las zonas rurales hasta hace pocos años no tenían acceso a los estudios. Los niños ayudaban a las familias en las labores del campo y muy pocos podían acudir a la escuela. Tan sólo unos pocos estudiaban en seminarios y colegios de monjas con vistas a dedicarse a la vida religiosa. Otros, los más destacados, podían recibir una beca. Pero, como acabo de decir, la mayoría se encontraban en la situación que refleja Delibes en Los santos inocentes.
Las familias humildes, que no poseían tierras, trabajaban para los señores. Se encargaban de las tierras, del ganado y de las labores domésticas. Eran sirvientes, prácticamente esclavos. Sus hijos, al llegar a la adolescencia, pasaban a servir en la casa, si eran chicas, o a trabajar en el campo, si eran chicos.
En la novela hay varios momentos que reflejan la imposibilidad de estudiar en las zonas rurales. Al inicio nos presenta a Paco enseñando a leer y a escribir a su hijo. Los pocos conocimientos rudimentarios que adquirían se aprendían en casa y eran transmitidos por el padre que era todo un autodidacta.
En una segunda escena, Paco pretende que su hija Nieves estudie en el colegio, pero el señorito Iván no considera esta posibilidad y quiere que se ala doncella. Paco no se niega. Él está totalmente sometido a los deseos de su amo y jamás se opone a él. Nieves, como consecuencia, pasa a servir en la casa. En una tercera escena, Iván alardea ante sus amigos de que sus servidores saben escribir y hace que ante todos ellos, Paco y su familia escriban sus nombres, tarea que hacen a duras penas.
Evidentemente, en la actualidad esta situación no se produce. La educación está al alcance de todo el mundo con independencia de que habiten en pueblos o en ciudades. Sin embargo, todavía quedan zonas del mundo en las que sólo la gente de una determinada posición social accede a los estudios y dispone como esclavos de quienes tienen un origen humilde. Así pues, la novela refleja la vida de ciertos países que nos quedan alejados.





6. Miguel Delibes y la novela española a partir de 1936

España salió de la guerra civil (1936-1939) profundamente destrozada. Y aquella gran tragedia supuso en el terreno cultural una interrupción de las corrientes anteriores. Los años 1939-1942 son años de convalecencia a los que sigue el resurgimiento de la literatura.


El realismo existencial
Pronto apareció una literatura cargada de angustia con novelas como La familia de Pascual Duarte de Cela (1942), Nada de Carmen Laforet (1945) y La sombra del ciprés es alargada (1947) de M. Delibes. Domina un enfoque existencial, pero tras las angustias personales se perciben unas raíces sociales concretas. El reflejo amargo de la vida cotidiana es la nota característica de la novela de posguerra. Los grandes temas son la soledad, la inadaptación, la frustración, la muerte…


El realismo social (1951-1962)
La novela social constituirá lo más característico del género entre 1951, fecha de La colmena, y 1962, fecha de Tiempo de silencio de Martín-Santos. Otras obras son El camino (1950) y Mi idolatrado hijo Sisí (1953) de Delibes o El Jarama de Sánchez Ferlosio.
Los rasgos comunes de esta tendencia son la solidaridad con los humildes y los oprimidos, la disconformidad ante la sociedad española, el anhelo de cambios.
Hay dos modalidades: el objetivismo que consiste en un testimonio escueto sin aparente intervención del autor y el realismo crítico.
En la temática se observa un desplazamiento de lo individual a lo colectivo. Temas como la dura vida del campo en Los bravos de Fernández Santos, El fulgor y la sangre de Aldecoa. El mundo del trabajo en Central eléctrica de López Pacheco. Novelas de tema urbano son La colmena de Cela o La resaca de Goytisolo. Novelas de la burguesía, en el extremos opuesto son Tormenta de verano de García Hortelano y Juegos de manos de Goytisolo.
El contenido tiene toda la prioridad y a él se subordinan las técnicas elegidas. Se antepone la eficacia de las formas a su belleza y se rechaza la pura experimentación. La estructura del relato suele ser sencilla. Se prefiere la narración lineal. Con frecuencia la acción se concentra en un corto espacio de tiempo. Hay personajes colectivos. El lenguaje adopta normalmente el estilo de la crónica, denudo y directo.



La renovación de las técnicas narrativas
Frente al autor omnisciente y presente en la obra se ha propugnado la desaparición del autor. El autor recurre a un punto de vista único, si se reduce su ángulo de enfoque para ver las cosas desde un solo personaje, o múltiple, si enfoca la historia, alternativamente, desde diversos personajes.
En cuanto al tratamiento de la anécdota se relega el argumento a un plano muy secundario. Se da entrada a lo imaginativo, lo irracional, lo onírico, lo alucinante (siguiendo el magisterio de Kafka y de los hispanoamericanos).
Los procedimientos de estructuración son variados. El contrapunto consiste en presentar varias historias que se combinan y alternan. Si son muchos personajes se habla de técnica caleidoscópica. El tiempo se puede presentar con desorden cronológico, sea con flash back o laberinto o rompecabezas temporal cuando la organización es caótica.
Es característico el personaje en conflicto con su entorno y consigo mismo, deseoso de encontrar su identidad.
La renovación estilística hace que se tienda a borrar las fronteras entre la prosa y el verso, que se explores las posibilidades de la frase, desde la muy corta hasta la muy larga, que se incorporen elementos antes extraños a la novela como informes, expedientes, anuncios, textos periodísticos. También se recurre a artificios tipográficos como ausencia de puntuación o disposiciones especiales de párrafos.
Entre las obras escritas en esta época destacan Tiempo de silencio (1962) de Martín-Santos, Últimas tardes con Teresa (1966) de Juan Marsé, Cinco horas con Mario (1966) de Delibes, Señas de identidad (1966) de Goytisolo.



Los años setenta
Se propone 1975 como el año que cierra el periodo histórico-cultural de la postguerra con el final del franquismo. A partir de este momento el artista no dependerá ni de las coacciones de la censura ni de compromisos asumidos para poner su obra al servicio de una causa. En este momento conviven tres generaciones de la postguerra pero su actividad y significación es diferente en cada una de ellas. Algunos continúan su producción dentro de una obra que tiene unidad de enfoque, como Delibes. Otro grupo trata de buscar una voz personal abandonando su experimentalismo. El tercer grupo consiste en la nueva promoción que edita sus primeros libros a partir de 1975. Lo más característico de esta novelística es que surge sin vinculaciones de dependencia de los fenómenos narrativos anteriores, pero, a la vez, sin un proyecto artístico común. Se trata de una narrativa de individualidades.
Los nuevos novelistas enlazan con la renovación iniciada por Martín-Santos. Prosigue la búsqueda de nuevos caminos, de nuevas formas, la línea antirrealista pero hay una moderación de los experimentos. La impresión que con más frecuencia se desprende de las últimas novelas sea el desencanto. En la temática vuelven a prevalecer las preocupaciones existenciales: la intimidad, las relaciones personales, la soledad, el amor, la realización del individuo. El desencanto y el escepticismo se manifiestan, por otra parte, en la frecuencia de un tono desenfadado y humorístico; pero en el fondo del humor suele haber un poso amargo, y por debajo de la desenvoltura se percibe muchas veces una ternura soterrada. Pueden incluirse en este apartado autores como Juan José Millás, Javier Marías, M. Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza…



De los años ochenta al final del siglo XX: los últimos narradores
Los narradores que empiezan a publicar a partir de los años ochenta, como , José Luis Sanpedro, Álvaro Pombo, Soledad Puértolas o Arturo Pérez Reverte continúan el camino abierto por los anteriores y cada uno de ellos sigue una trayectoria individual. Se alejan todavía más de las tentativas experimentales, volviendo al realismo. Hay una amalgama de tendencias y géneros en torno a diversos temas. Las mejores realizaciones novelísticas del actual realismo son más diversas, más complejas y libres. Se trata de diferentes tipos de realismo que postulan una concepción abierta de la realidad, incluyendo lo imaginario y lo soñado y hasta lo irracional y lo absurdo.
El mundo rural, con un enfoque en el que se combina la denuncia social y el tratamiento lírico, es abordado por novelistas tan distintos como Delibes en Los santos inocentes y Julio Llamazares en La lluvia amarilla.






Miguel Delibes

Sufrió en su ánimo juvenil los estragos de la guerra civil y tomó los manuales de Derecho y Comercio para labrarse un futuro. Pero por una casualidad empezó a escribir en El Norte de Castilla. En 1946 se casó con Ángeles y animado por ella hilvanó su primera novela, La sombra del ciprés es alargada, con la que ganó el premio Nadal e inició su trayecto profesional en este campo. Al tiempo sacó las oposiciones y consiguió la plaza como catedrático de Derecho Mercantil. En paralelo llegó a ocupar el puesto de director del periódico. Su posición a favor de los sectores más desfavorecidos le dio muchos problemas hasta el punto de que tuvo que dimitir. Forzosamente alejado de la vanguardia periodística, su trayectoria como novelista le permite difundir su filosofía vital por otros medios. Escribió El camino (1950), Mi idolatrado hijo Sisí (1953), Diario de un cazador (1955), La hoja roja (1959), Las ratas (1962), Cinco horas con Mario (1966). En 1973 fue elegido miembro de la Real Academia. En los años siguientes escribió Las guerras de nuestros antepasados (1975), El disputado voto del señor Cayo (1978) y Los santos inocentes (1980) y recibió los mayores galardones. Con su última novela, El hereje (1998) sobrepasó las expectativas de sus editores.




7. El espacio y el tiempo en LSI

No existe una fecha explícita que indique el año en que transcurre la novela, pero hay una referencia al concilio Vaticano II (1962-65) y también sabemos que es el inicio de la mecanización y la migración masiva a las ciudades.
Los primeros capítulos se relatan con una evidente libertad en el uso del tiempo. Se trata de hechos lejanos aunque imprescindibles para justificar los sucesos finales. Su ritmo narrativo es muy pausado porque lo que resalta es una serie de anécdotas que se inscriben en un conjunto de hechos repetidos. Los últimos capítulos se desarrollan en dos semanas de manera lineal con un rápido ritmo.


Para Delibes el paisaje no es una mera acotación escénica sino que posee una relevancia temática y cumple una función integradora, ya que los conflictos y pasiones tienen una referencia en el marco en el que se producen. En su novelística hay dos constantes: Castilla y el mundo rural. En esta novela se localiza la acción en un cortijo cercano a la frontera con Portugal. El paisaje está minuciosamente descrito. Dentro del cortijo hay dos zonas: el gran espacio natural y la zona de viviendas.
La función significativa del espacio consiste en que transmite una fuerte impresión de realidad y se constituye en fuente de conocimiento de un modo de vida peculiar, revela la estructura jerárquica del latifundio y expresa la doble actitud del hombre ante la naturaleza.




Comentario estilístico de Delibes

La vida de Azarías en la Jara

El autor ofrece en este texto detalles sobre el aspecto de Azarías, su ropa, su manera de andar descalzo, su costumbre de rutar. Andaba por el cortijo sin que nadie se ocupara de él. Sus trabajos eran limpiar el coche del señorito, quitar los tapones de las válvulas de los coches de los amigos del señorito, cuidar los perros, sacar los pavos, regar las plantas o desplumar las piezas cazadas. Despreciado por los demás busca el cariño en el búho con el que mantiene una relación especial.
Se trata de un monótono vivir que se repite día tras día y que el autor trata de reflejar con las insistentes repeticiones como “el señorito o la señorita o los amigos del señorito o las amigas de la señorita”, “milana bonita” o “rascaba el entrecejo”. Estas repeticiones junto con la ausencia de punto imprimen ritmo. El autor afirmó que esta supresión se debía a que quería mantener el ritmo en la novela y el uso de puntos lo rompía. Combina perfectamente el discurso continuo sin pausas con la oralidad de los personajes.
El narrador se coloca en una posición cercana a los personajes, en este caso a Azarías, y esta compasión da al libro un tono lírico.
La sintaxis está poco estructurada con predominio de oraciones activas, oraciones coordinadas que otorgan viveza expresiva y muestran el interés por la concatenación de episodios, utilización de que, abundantes proposiciones de gerundio como vigilando y temblando, y, sobre todo, estilo directo.
Hay un elevado número de sustantivos, predominan los concretos como entrecejo y encías, Pero junto a ellos, en muchas ocasiones, se ven sartas de adjetivos como indemne, erguida y desafiante y verbos empleados en imperfecto. Fragmentos narrativos ágiles, fragmentos descriptivos y vivos diálogos se combinan a lo largo de este capítulo y de toda la obra.
El texto presenta gran densidad textual. Recurre a voces del campo semántico de los animales: búho, milana, gorriones, águilas, cornejas, rateras
Con frecuencia recurre a expresiones afectivas como “no estuviste cobarde”, oración con la que se dirige a la milana.
Su dominio de la lengua se percibe en la variada gama de verbos para introducir el diálogo señalando sutiles matices: ahuecando la voz, buscando el registro más tenebroso, le decía, le decía aterciopelando la voz. En esta última hay una indicación paralingüística, es decir, sobe el aspecto no lingüístico del lenguaje verbal, pues concreta el tono empleado.
Mediante las onomatopeyas del texto, la imitación de los sonidos de los animales y sus frases breves Azarías, el personaje principal del texto, manifiesta su falta de raciocinio. De esta manera se completa la caracterización del personaje que se realiza no solo con las descripciones y la narración de sus actos sino también mediante el habla que emplea.