COMENTARIO ESTILÍSTICO ¿Pero has tenido valor de echarte polvos en la cara?

Este diálogo entre Bernarda, Angustias, la Poncia y Magdalena está perfectamente fundido con la acción que se matiza con las diferentes acotaciones. “Le quita violentamente con un pañuelo los polvos”, “entran todas” y “golpeando en el suelo”. La primera y la última muestran la violencia de la madre, su carácter autoritario y la forma en que priva de libertad a sus cinco hijas.
En cuanto al texto dramático primario, hay que destacar las largas intervenciones de Bernarda frente a las escuetas respuestas de su hija que se defiende de su ataque. Se trata de un diálogo de acción en el que va progresando el desarrollo de los hechos.
Conviven en el texto un lenguaje coloquial con expresiones como “salir con los pies por delante”, “eso lo teníamos que ver”, “no pasa nada”, un lenguaje vulgar con connotaciones obscenas en “guárdate la lengua en la madriguera” y figuras literarias como paralelismos en la línea 6 “has tenido valor de…”
El lenguaje de Bernarda se caracteriza por insultos como suavonal.20), amenzas, hasta que… (l. 31), imperativo, vete (l. 21), exclamaciones, oraciones enunciativas negativas (l. 30, l. 36), intervenciones secas y cortantes como ¡Angustias! (l. 2), ¡por respeto! (l. 16), no pasa nada (l. 30).
Es un parlamento autoritario, brusco y agresivo reflejo de su carácter, de su obsesión por controlar la vida de sus hijas y reprimirlas totalmente. Llama la atención el uso de sustantivos abstractos como valor (l. 6), decencia (l. 16) y respeto (l. 16). Estos últimos transmiten una de las ideas principales de la obra: la importancia de las apariencias, de qué dirán, hasta el punto de aniquilar cualquier sentimiento que pueda ser considerado indigno como el amor.
También recurre a adjetivos como suave, yeyo (l. 20) y loca, insultos que muestran la consideración en que tiene tanto a su madre como a sus hijas, un desprecio total.
El uso de verbos como poder (l. 36), mandaré (l. 37), de la esfera léxica del dominio, complementa sus rasgos. Las subordinadas concesiva y temporal recalcan su autoridad.
Sin embargo, su hija se opone con frases cortas “No era mi padre” (l. 9), exclamaciones “¡Eso lo…” (l. 14), oraciones interrogativas “¿Es que no lo recuerda uste?” (l. 9) y una petición “déjeme salir” (l. 18).
En su única intervención, La Poncia recurre al adjetivo inquisitiva (l. 23) que aparece en más ocasiones en la obra. Esta voz define bien a Bernarda, persona que no acepta más forma de pensar ni de actuar que las suyas, las de la tradición basada en lo aceptado socialmente.
Magdalena se muestra conciliadora.
En cuanto a las fórmulas de tratamiento, La Poncia y Bernarda se tutean por ser de la misma edad y, sin embargo, el uso de usted se da entre las personas jóvenes, en este caso las hijas, y la madre.
A pesar de que los símbolos son una constante en la obra de Lorca, en este fragmento solo vemos la referencia a la casa como lugar de encierro de las hijas, prisión, cárcel de la que no pueden salir como sentencia con el futuro de “Hasta que… mandaré” (l. 36).


¡Y lo haría mil veces!

Resumen
Bernarda se muestra orgullosa de su nivel social y recuerda a La Poncia su origen. Ella, resentida, comenta que Martirio olvidará lo ocurrido y Bernarda a niega que ocurra nada y afirma que si ocurriera jamás se enteraría nadie del pueblo. Echa en cara a La Poncia sus malos deseos y ella le responde que nadie sabe cuál es su destino.
Rasgos estilísticos
Acotaciones sobre la actitud de La Poncia, su odio disfrazado y la prepotencia de Bernarda.
Diálogo informativo de las opiniones de Bernarda y La Poncia sobre el orgullo de la primera y la importancia de las apariencias, tema fundamental de la obra.
El lenguaje de Bernarda se caracteriza por ser autoritario, brusco, agresivo. Destacan los sustantivos concretos, el presente, las afirmaciones rotundas, las oraciones subordinadas condicionales y las exclamaciones.
La Poncia echa en cara su soberbia a Bernarda, con expresiones coloquiales, oraciones cortas exclamativas, premonitorias. Se tutea con Bernarda. El lenguaje coloquial, incluso vulgar se funde con un lenguaje estilizado con recursos literarios como paralelismos, repetición, etc.
Símbolo de las paredes de la casa.
Relaciones y conflicto entre Bernarda y La Poncia
La Poncia es una criada de 60 años, que comparte con Poncio Pilatos su tendencia a lavarse las manos. Es una persona de clase social baja que muestra su resentimiento y su odio hacia Bernarda, un odio que intenta disimular con una forzada suavidad. Le echa en cara a Bernarda su prepotencia pero ella la humilla recordándole su origen. Bernarda es una persona autoritaria que controla tanto a sus hijas como a la criada a la que se dirige con gran desprecio en oraciones como ¡Eso quisieras tú! ¡Cómo gozarías!... Dos personajes que se odian, uno domina, el otro se somete pero desde su sumisión se dirige a ella con una exclamación que es el presagio del final trágico que ella desea.